Al acercarse el día mundial contra el sida, es posible
que a algunos les hayan sorprendido los datos desalentadores que nos
arrojan los medios de comunicación sobre el terrible avance del sida en el
mundo. En lo que va del año 2003, hay ya cinco millones de personas
infectadas y tres millones de fallecidos por causa de esta enfermedad. Una
epidemia particularmente devastadora para las mujeres; hay países donde el
60% de mujeres en edad de reproducción están infectadas. Son de especial
preocupación algunos casos como el de África donde están alcanzando
esperanzas de vida tan bajas como los 37 años en Malawi. Aquí, la
esperanza de vida es de 80-85 años.
Hablo de "sorpresa" porque esto contrasta con la
fabulosa campaña internacional que se lleva realizando durante tanto
tiempo a favor del uso del preservativo como estrategia preventiva
prioritaria contra el avance de esta enfermedad que esta aniquilando
generaciones enteras de seres humanos. La campaña se realiza con medios
técnicos y económicos sin precedentes, con el apoyo masivo de los medios
de comunicación y de políticos de todas las tendencias. Se asumen ciertas
situaciones con toda normalidad, como el oportunismo de los fabricantes
que "generosamente" distribuyen miles de preservativos en colegios o en
fiestas juveniles.
Ante esta situación, un mínimo de sentido crítico nos
tendría que llevar a preguntarnos: ¿Cómo es posible que una epidemia siga
aniquilando a poblaciones enteras a pesar de semejante despliegue de
medios supuestamente preventivos?; ¿por qué las autoridades, a cualquier
nivel, no tienen en cuenta algunas evidencias científicas sobre estos
temas? Algunas recomendaciones internacionales para prevenir el sida
afirman, en primer lugar, que la abstinencia es el único método seguro
para evitar el contagio; que si no fuera posible la abstinencia, en
segundo lugar se debería recomendar a la población que mantenga relaciones
sexuales mutuamente monógamas con personas no infectadas; y sólamente en
tercer lugar advierten a la población que el preservativo puede reducir el
riesgo de contagio pero nunca eliminarlo del todo. Los datos científicos
(Base de datos Cochrane, 2003) indican que el preservativo reduce en un
80% el riesgo de contagio (pero la promiscuidad acaba incrementando la
probabilidad real de contagio). A pesar de esto, da la impresión de que a
los responsables de la salud a muchos niveles solamente les interese
anunciar que "el preservativo protege de las infecciones".
Por otra parte, me parece decepcionante que no nos
hablen de otras epidemias graves, como la del Virus del Papiloma Humano,
que produce cáncer y que está aumentando vertiginosamente entre los
jóvenes. En éste caso, el preservativo es muy poco efectivo porque el
virus no se transmite por vía seminal sino por contacto piel-piel. En un
estudio científico publicado este año y realizado en un grupo de mujeres
universitarias se demuestra que al cabo de 3 años, el 40% de mujeres
acababan infectadas por este virus y en varias de las estudiantes incluso
sin que hubieran tenido relaciones sexuales completas.
Se han publicado recientemente los últimos datos sobre
el avance del sida en el mundo y resulta que en algunos lugares, como en
Uganda, el problema parece controlarse poco a poco. Sería interesante que
nos hablen con más detalle de lo que pasa en Uganda, teniendo en cuenta
que podría tratarse de una pequeña luz de esperanza. El informe 2003 de
las Naciones Unidas y de la Organización Mundial de la Salud afirma que "ningún
otro país ha igualado este logro, al menos no a nivel nacional", pero sin
dar más detalles al respecto. En Uganda han pasado de tener un 15% de
infectados en 1991 a un 5% en el 2001. El informe afirma que este descenso
es "único en el mundo".
¿Qué ha sucedido realmente en este país de Africa?
Existe un informe científico de la Agencia para el Desarrollo
Internacional de los Estados Unidos (USAID, septiembre de 2002) que se
titula: "¿Qué ha pasado en Uganda?; lecciones aprendidas de un
proyecto", donde se detallan las razones de la disminución paradójica
del sida en este país (ver portada del documento). Resulta que en Uganda
han aplicado estrategias preventivas basadas en las tres recomendaciones
internacionales antes citadas y han conseguido frenar la epidemia (Figura
1). Como se puede observar en las figuras 2, 3 y 4 han conseguido que los
jóvenes retrasen el inicio de sus relaciones sexuales (recomendando la
abstinencia) y que la población tenga menos relaciones sexuales
esporádicas coincidiendo o no con una relación estable. El informe
concluye, entre otras cosas, que la estrategia preventiva de Uganda está
consiguiendo un efecto que se podría comparar a la "existencia de una
vacuna que fuera 80% eficaz contra el sida". Por otra parte, afirman que "la
disminución de casos de sida en Uganda se relaciona más con los cambios de
los estilos de vida de la población que con el uso de preservativos".
Lo que se está haciendo en muchos países es simplemente
una irresponsabilidad. Confiar ciegamente en los preservativos sin aportar
nada más en la estrategia preventiva, cuando se ha visto que ni siquiera
ha sido suficiente para frenar la epidemia en colectivos, a priori muy
motivados, como el de los homosexuales, es un error que se puede acabar
pagando muy caro. Así lo indican algunas proyecciones de futuro sobre
población juvenil posiblemente infectada. La gente podría exigir de sus
autoridades más seriedad y originalidad a la hora de resolver estos graves
problemas. Se debería pedir al menos el mismo coraje que se ha tenido
para, por ejemplo, iniciar con seriedad la importante lucha contra el
tabaquismo. No podemos quedarnos impasibles creyendo ingenuamente que un
problema tan complejo se pueda solucionar con un "parche" como el
preservativo.